Proyectos & Producción

REGISTRO DE EPOCA. La justicia en la sensibilidad de los artistas


Salón de los Pasos Perdidos / Tribunal Superior de Justicia I de Córdoba





CUORE


Con motivo del centenario del Tribunal Superior de Justicia (TSJ), la institución convocó a artistas del medio a realizar obras que, desde sus propias poéticas y lenguajes visuales, propusieran una reflexión en torno a la idea de justicia. La iniciativa, desarrollada con el apoyo de la Agencia Córdoba Cultura y los curadores Marcela Mammana y Juan Pagano, reunió a los artistas Fernando Allievi, Ernesto Berra, Juan Canavesi, Roger Mantegani, Nina Molina y Mario Sanzano.
Las obras fueron realizadas en el marco del Acuerdo n.° 286, con el propósito de enriquecer el fondo artístico del Poder Judicial de Córdoba y, al mismo tiempo, dejar testimonio de una época a través de la mirada de creadores contemporáneos. De este modo, las piezas pasan a integrar el acervo cultural del tribunal, sumándose a un conjunto patrimonial que reúne producciones de distintos períodos y contextos históricos vinculados a la representación de la justicia.
La realización de estas obras fue posible gracias al aporte personal de miembros del TSJ, quienes solventaron los gastos de su producción.
Este diálogo entre arte y justicia tiene antecedentes en la propia historia de la institución. En 1988, el TSJ convocó a artistas plásticos a donar obras referidas a esta temática. La invitación fue aceptada por Antonio Seguí, Carlos Alonso, Antonio Monteiro, Pedro Pont Vergés y Tito Miravet. Estas incorporaciones se sumaron a trabajos ya presentes en la colección, como los de Francisco Vidal, Edelmiro Lescano Ceballos, Carlos Camilloni y Ernesto Valls, datados en la década de 1930.



MEMORIA CONCEPTUAL
La obra representa el proceso introspectivo de los operadores judiciales para alcanzar decisiones justas y equitativas, entendiendo la justicia como acto de conciencia más que como función institucional. Mediante un estilo alegórico y clásico, la figura simboliza la reflexión interior, la autonomía y el equilibrio entre razón y empatía. La presencia de la columna inclinada y la ausencia de elementos tradicionales, como la espada o la balanza, resaltan que la verdadera justicia proviene del discernimiento interior y el contacto con la realidad. El conjunto expresa la tensión entre introspección y acción, racionalidad y sensibilidad, en un contexto social inestable. La obra procura representar lo que debería ser y no lo que es o acontece en la realidad. La utilización de cánones formales clásicos en la representación responde a la intención de dotar a la figura de atemporalidad y deslocalizarla de las coordenadas de tiempo y espacio.

MEMORIA DESCRIPTIVA
Tema: la figura representa el proceso introspectivo que los operadores judiciales, en particular juezas y jueces, deben realizar para arribar a decisiones justas y equitativas, entendido como una experiencia de conciencia y no exclusivamente como una función social y un rol institucional.
Estilo: si bien en la representación el artista apela a la figuración realista, respondiendo a los recursos estéticos que caracterizan su obra anterior, adopta un estilo alegórico, dado que el dibujo expresa un doble significado, uno directo y otro figurado o metafórico, que encierra un mensaje oculto o, al menos, indirecto. La obra procura representar lo que debería ser y no lo que es o acontece en la realidad.
La utilización de cánones formales clásicos en la representación responde a la intención de dotar a la figura de atemporalidad y deslocalizarla de las coordenadas de tiempo y espacio.

Recursos estéticos:
Mirada: la figura dirige su mirada hacia su interior, se ensimisma, en un proceso de introspección reflexiva procurando tomar conciencia. Se suspende la percepción exterior y se toma distancia de los estímulos externos para acceder a su interioridad. Los ojos aparecen cerrados voluntariamente, diferenciándose de las representaciones más habituales y tradicionales de la justicia con los ojos vendados.
Mano derecha abierta que se eleva sobre la cabeza. Es el gesto más extrovertido de la figura. Expresa gestualmente resolución, independencia personal y libertad de criterio frente a las coacciones externas. Aquellas no son absolutas; están limitadas por el derecho y el buen discernimiento. Tal gesto manifiesta la autonomía de quien juzga para actuar con convicción no por obediencia. Esta mano es controlada por el hemisferio izquierdo del cerebro, asociado al raciocinio, a las funciones lógicas, analíticas y lingüísticas.
La ausencia de la espada, utilizada convencionalmente para significar el poder coercitivo del derecho, refuerza la idea de introversión y recogimiento en contraposición a la idea de proyección externa e imposición de las decisiones judiciales.
Mano izquierda que sostiene una plomada: esta mano es controlada por el hemisferio derecho del cerebro, asociado a la creatividad, la intuición, el pensamiento integrador, la empatía y el procesamiento del lenguaje no verbal.
La plomada es un elemento central de la representación. Alude, simbólicamente, a la búsqueda de la rectitud, el equilibrio, la mesura y el aplomo necesarios para arribar a una decisión justa y equitativa. Su verticalidad evoca la línea que une lo alto (la ley y los principios generales y abstractos) con lo bajo (la situación concreta, el ser humano juzgado).
La figura no sostiene la balanza que en las imágenes tradicionales de la justicia es utilizada para simbolizar la búsqueda de imparcialidad pesando pruebas y argumentos de las partes en conflicto. En su lugar, la plomada se refiere a la búsqueda de alineación entre la interioridad de quien juzga y lo externo. Podría decirse que quien juzga a conciencia no mide a otro, sino a sí mismo.
Entre la mano izquierda que mide y sostiene (interioridad) y la derecha que se eleva (libertad), se configura una tensión esencial entre introspección y acción que debe encontrar un equilibrio en el acto de juzgar con ecuanimidad.
Grafismos sobre un fondo vacío: nada distrae en el proceso introspectivo en busca de decisiones equitativas. Los símbolos gráficos representan el conjunto de normas y principios jurídicos que fundamentan la legalidad de la decisión judicial. Tal vacío no significa ausencia, sino que sitúa a quien juzga en un espacio de reflexión.
Capitel de una columna clásica que se esfuma hacia abajo: representa el contexto social, político, económico y cultural real que es más profundo de lo que se muestra y percibe. Sostiene a la figura, pero su inclinación connota inestabilidad. La realidad atravesada por tensiones, conflictos e intereses contrapuestos. Aun así, los operadores de la justicia parten de ella y deben tomar decisiones con relación a ella.
Los pies descalzos en movimiento revelan contacto con lo real y un cierto grado de vulnerabilidad: el izquierdo, apoyado levemente sobre la columna, vincula con el mundo concreto e inestable, de manera directa, sin mediación. El derecho, elevado hacia atrás, señala que la figura se encuentra en acción y en proceso de desplazamiento y que la justicia no es un estado fijo. El movimiento de ambos introduce las nociones de inestabilidad y de que, en el proceso de juzgar, el equilibrio es precario y dinámico. Destaca que, más allá de la protección y el poder institucionales, la legitimidad de las decisiones de quien juzga proviene del contacto con la realidad, de la que, a la vez, deben tomar distancia para decidir con serenidad y ecuanimidad.
La calvicie de la figura: expresa desprendimiento de la vanidad y de lo superficial, libertad de prejuicios y apertura a la racionalidad y el discernimiento. Asimismo, cierta androginia que aleja a la figura de la identificación clara con un género.
El cuerpo y la vestimenta: la corporeidad de la figura es firme y compacta, de edad indefinida. Revela fortaleza para tomar decisiones, sostener el peso de las mismas y resistir presiones externas. La vestimenta de la figura es sencilla, despojada de ornamentos, insignias u otro signo de poder y estatus. Reduce a la misma a su dimensión esencial y sugiere neutralidad. Refuerza la idea de atemporalidad.
En suma, la obra representa el proceso introspectivo que deben realizar juezas y jueces para alcanzar decisiones justas y equitativas, entendiendo la justicia como un acto de conciencia más que como una función institucional. Mediante un estilo alegórico y clásico, la figura simboliza la reflexión interior, la autonomía y el equilibrio entre razón y empatía. La ausencia de elementos tradicionales como la espada o la balanza resalta que la verdadera justicia proviene del discernimiento interior y el contacto con la realidad. El conjunto expresa la tensión entre introspección y acción, racionalidad y sensibilidad, en un contexto social inestable, buscando representar lo que la justicia debería ser, más que lo que es.





ENLACES DE PRENSA

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